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MM ago - sep 2016

ENTREVISTA IV The Genius Beaner años más tarde, a principios de los 90 junto con IBM y HP y empezaron a fa- El pequeño taller se fue consolidan- tuvieron que cambiar su planta a la bricar y dar mantenimiento a moldes do y Moldes Mendoza fue ganando calzada de Fresno en la capital jalis- para la industria de semiconductores. terreno en el mercado. Pero para el ciense. “Ya éramos 24 trabajadores Recientemente, otro mercado en hijo de “Don Toño”, no fue esto su- en 650 m2, de los 10 que teníamos en auge está llamando la atención del ficiente y decidió buscar (un poco el primer tallercito. joven empresario, la industria auto- impulsado tal vez por los genes) En los 90s, cuando Guadalajara se motriz, en donde Moldes Mendoza nuevos horizontes. Regresó a Esta- convirtió en el Silicon Valley mexi- podría dar más oxí geno a su llama de dos Unidos sin terminar la Univer- cano llegó una oleada de empresas crecimiento. sidad, apenas con 21 años de edad. “No estaba peleado con la escuela, pero consideré que no estaba apren- diendo nada. De hecho siempre fui bueno para las matemáticas, la física y la química. Sobre todo me gustaba la computación. Me gustaba hacer cálculos de trayectorias entre puntos y después visualizarlos en movimien- tos X-Y”, comenta Mendoza. Paradójicamente, llegó a buscar trabajo en talleres metalmecánicos donde empezó a trabajar con moldes portugueses para empresas como Mattel. Allí inició también su contacto con nuevas tecnologías. “Me di cuen- ta que había una máquina que aven­ taba chispas y de inmediato llamó mi atención. Era una máquina de elec- troerosión. Después de entender el principio básico de la máquina, me di cuenta que era usada de una manera muy arcaica, pues tenía como 30 bo­ tones y movían uno solo, ‘para que no se fuera a descomponer’. Entonces pedí a mi jefe el libro y me empecé a meter en la parte más científica de la electroerosión hasta que un día le dije al dueño que me dejara moverle a los botones. Me dieron la oportunidad y de ahí empezamos a sacarle más provecho”. Mendoza tuvo acceso a las pri- meras máquinas CNC también y em- pezó a hacer programación. “Así fue mi historia allá”, comenta. “Nunca deje de pedir los libros de las máqui- nas y explorar las posibilidades de cada una. Me gané el apodo de Ge- nius Beaner. Ya era entonces más que clara mi fascinación por la tec- nología. Poco después me regresé a México”. Lo primero que hizo al regresar fue convencer a su padre que necesita- ban comprar una máquina de elec- troerosión. Empezaron a crecer y www.metalmecanica.com | Edición 4 - Vol. 21 - Agosto/Septiembre 2016 M-11


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