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UNA HISTORIA CONTADA EN CUATRO MOLDES Para muchas compañías latinoamericanas, la decisión de establecer una empresa de manufactura requiere de una buena dosis de tenacidad y estoicismo. Esto pasa especialmente en el mercado de fabricación de moldes donde, además de contar con la tecnología adecuada, se requiere del desarrollo de un ofi cio, así como la fi rmeza y la claridad de a dónde se quiere llegar. Esta es una de esas historias en las que el fi nanciamiento, la búsqueda permanente de conocimiento y de tecnología adecuada, así como la fi rme decisión de no claudicar, se convierten en los factores de éxito. 12 | Edición 2 / Volumen 24 | Abril / Mayo 2019 www.metalmecanica.com ÁNGELA ANDREA CASTRO Un molde no es como un pan de esos que todo el mundo quiere comprar y comer. Es un nicho de mercado cerrado y especializado, y cuando a los desafíos normales de su fabricación se suman limitantes como el acceso a materiales de distintos tamaños y espesores, la di cultad de conseguir algunas herramientas a la medida y los altos costos en materias primas, el reto es tres veces mayor. En este escenario tan intrincado, la empresa familiar colombiana Ingeniería RP Hermanos encontró la fórmula que le ha permitido ocupar un puesto destacado en la industria y que no es otra que plantearse metas realistas y alcanzables —no hay margen para arriesgarse— y tener como punto de referencia las tecnologías y prácticas de quienes, a nivel internacional, marcan el rumbo en lo que a moldes se re ere. La empresa inició el 16 de septiembre de 1998 en una bodega de 8x4 metros con un torno y una fresadora convencionales. Desde entonces se dedica al diseño, fabricación y reparación de moldes para inyección, extrusión y soplado de plástico en una carrera ascendente por la que han pasado diversos clientes, países, máquinas, tecnologías, experiencias, pruebas y errores. Luis Eduardo, Fernando y Serafín —los tres hermanos Ramos Patiño— son todos ingenieros de profesión y estudiaron en un colegio de formación técnica industrial que sembró en ellos el gusto por las máquinas y los erros. Mientras que sus dos hermanos mayores se emplearon en grandes compañías y llevaban una vida cómoda y sin mayores preocupaciones, Serafín, el menor de los tres, siempre tuvo en su cabeza la idea tener empresa, algo pequeño pero propio. Al provenir de una familia humilde, el limitante para cumplir esta meta siempre fue el dinero. Serafín, al igual que sus hermanos, estudió su carrera profesional en la noche mientras que en el día trabajaba con uno de ellos en ESPECIAL MANUFACTURA DE MOLDES


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