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Octubre de 2017 Página 1 de 3

El taller en la cadena de valor automotriz

David Luna

La empresa fabricante de herramentales Maquitrak es un excelente ejemplo de cómo las pymes pueden satisfacer la demanda creciente de proveeduría en México.

Asentada dentro de la ciudad de Aguascalientes, en la región del Bajío, la empresa Maquitrak fabrica herramentales para proveedores de la industria automotriz. Su caso es un excelente ejemplo de cómo las pymes pueden satisfacer la demanda creciente de proveeduría local.

Para la industria automotriz mexicana, una de las necesidades de desarrollo de manufactura más importantes es la relacionada con los herramentales. Toda línea de producción requiere de sistemas especiales de sujeción que permitan asegurar el manejo de los materiales en los procesos de automatización y apoyar con el aseguramiento de la calidad de cada uno de los ensambles y subensambles de un vehículo.

Las empresas pequeñas y medianas tienen una gran participación en este nicho y, por lo tanto, existen oportunidades importantes para el desarrollo de proveedores de herramentales. Esto es un caldo de cultivo óptimo para emprendedores. Tal es el caso de Francisco Javier Amado Rivas, cofundador de la empresa Maquitrak, un taller de máquinas herramienta establecido en la ciudad de Aguascalientes dedicado, principalmente, a la fabricación de herramentales para proveedores Tier 1 y Tier 2 de la empresa Nissan, establecida también en aquella ciudad del centro occidente de México.

La historia comenzó justo hace una década, cuando en octubre de 2007, Amado Rivas, junto con su socio, un ingeniero electrónico dedicado a actividades relacionadas a esta profesión, consideraron oportuno abrir un negocio alterno a sus empleos.

Amado Rivas, técnico en máquinas herramienta egresado de un Conalep, tiene ya 24 años de experiencia y trabajó para diferentes empresas dedicadas a la metalmecánica para la fabricación de productos para automóviles, agrícolas y troqueles.

Empecé desde lo básico”, comparte el ahora empresario. “Fui ayudante general en un pequeño taller. Pasé un par de años haciendo barrenos para graseras en un taladrito de banco. Pero fui subiendo peldaños y me comenzaron a encomendar tareas de torneado. Posteriormente, logré cargos como jefe de maquinado y supervisor en dos turnos con equipos de hasta 16 personas en el maquinado de troqueles”.

Pudo seguir escalando, pero el propósito de tener su propio taller lo hizo desviar la atención de su desarrollo profesional en corporativos. “La idea de la empresa surge porque conocí en el trabajo a Jesús Fuentes Merino que, aunque dedicado a la electrónica, también tenía el interés de tener su propio negocio. Cada vez que nos veíamos retomábamos el tema y en algún momento esto se cristalizó con la imagen de un taller de maquinado”.

Un taller propio

Reunieron entonces 80 mil pesos y abrieron en un pequeño local de 3x3 metros, con un torno sencillo con fresadora. Amado Rivas estuvo duplicando actividades durante 5 años. Después de cumplir con su turno en las empresas donde trabajaba, se dirigía a su taller para hacer maquinados para su propio negocio, en el que hacía pequeñas piezas para diferentes componentes de herramentales y troqueles. “No hicimos este negocio con la idea de ‘a ver si funciona’, sino que lo hicimos para que funcionara”.

Por medio de contactos empezaron a conseguir diferentes productos “y yo los fabricaba en nuestro pequeño torno”. Las órdenes de producción se fueron incrementando y fue en 2012, es decir, cinco años después, que Amado tomó la decisión de dejar la empresa para la que trabajaba y dedicarse 100% a su propio taller.

Por común acuerdo, su socio, Jesús Fuentes, siempre se ha mantenido fuera del taller en términos de operación, para seguir prestando servicios de electrónica, pues la política de su negocio, según lo explica Amado, es la reinversión y en el taller no hay sueldo para los dos.

El taller nunca ha estado abierto al público, sino que se basa en su labor de venta directa con contactos en el nicho de la fabricación de componentes para automóviles. De pequeños componentes pasaron a refacciones, herramentales y, ahora, a máquinas completas. “Hacemos automatizaciones completas e integración de mecanismos para fabricación y ensamble de partes”.

Ahora, entre sus clientes principales se encuentran Bosch Frenados Mexicana, Tachi-s, Cooper Standard, Donaldson, Eaton, Sensata Technologies y Gestamp. También se pueden identificar algunos clientes indirectos importantes como son Nissan, JATCO, Johnson Electric, Yusa y Ahresty.

El incremento en los volúmenes de producción también les exigió crecimiento y garantías de calidad, así que salieron a comprar maquinaria. “En un principio compramos una marca de control (un equipo sencillo CNC) un poco más económico, pero no nos brindaba lo que necesitábamos así que después hacer un análisis basado en nuestras necesidades de producción, opté por comprar máquinas de la marca Trak, de la firma Southwestern Industries, las cuales nos brindaron un costo beneficio óptimo para los productos que hemos estado fabricando”.


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