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Febrero de 2019 Página 2 de 4

Kapco Moldes: el valor de hacer bien las cosas

David Luna

Aunque es una empresa pequeña, Kapco tiene varios equipos de control numérico de gran precisión. Hoy, la firma fabrica moldes y componentes de alta calidad para cinco sectores.

La primera orden para fabricar moldes se presentó en 1985, por parte del fabricante de máquinas de coser Singer, entonces también establecido en Querétaro. El ingeniero, nacido en Michoacán, comenta que “el primero salió horrible. Era una parte de la máquina, una pieza muy simple, una barrita redonda en la que se insertaban los carretes de hilo. Fue un fracaso para mi y ni siquiera nos lo pagaron. Pero, de los errores es que tenemos que aprender y esta experiencia me sirvió para saber cómo hacer moldes posteriormente”.

Así, el tropiezo inicial se convirtió, posteriormente, en su éxito. Con el paso del tiempo llegaron otros proyectos de empresas del sector automotriz, entonces no tan prolífico como ahora en México, con empresas como Kostal, especializada en conectores para sistemas electrónicos y Arvin, fabricante de mofles. Para hacer frente al crecimiento de los proyectos, en 1988 adquirieron su primer equipo CNC, un pequeño centro de maquinado vertical Mazak AJV 40. 

“Con Kostal fue cuando realmente aprendimos a hacer moldes. Cuando nos pasó lo de Singer no nos afectó en términos de negocio porque teníamos otros clientes, pero sin duda nos dejó una marca importante”, reflexiona el empresario. 

Para la década de los 90, con mayor experiencia en la fabricación de moldes, entendieron mejor sus necesidades tecnológicas. Entonces compraron máquinas electroerosionadoras, fresadoras, tornos y rectificadoras. Todo conforme el negocio fue creciendo y justificando cada elemento de inversión. Fue sin duda un crecimiento de tipo orgánico.

Entonces se presentó Black&Decker, también establecida en Querétaro, para quienes produjeron cientos de moldes para productos de aluminio, tales como las suelas de las planchas. Estos moldes, que duran unas 200,000 inyecciones, requieren de un volumen mayor, según explicó el entrevistado. 

En la oficina de la administración, también hay productos realizados con los moldes que fabricaron en la planta, como unas horquillas hechas para Tremec, empresa Tier 1 asentada muy cerca de las instalaciones de Kapco. Las pequeñas vitrinas convierten el lugar de la dirección en una especie de sala de trofeos. Hay piezas de todo tipo. Otra a destacar es una columna para dirección de Volkswagen Sedan, el cual se produjo por muchos años en la ciudad de Puebla y que se convirtió en un auto emblema para los mexicanos con el popular mote de “vocho”. En el molde (producido en 1992) se inyectaban la columna, el candado de la llave y el pestillo que servía para atorar el volante. “Este molde se hizo con una tecnología muy básica”, explica el directivo. Los sistemas de software eran entonces muy elementales, se programaban directo en la máquina. Las trayectorias de las herramientas se hacían con códigos ISO directo en la máquina. En 1989 compramos un Mastercam y fue en este sistema en el que hicimos nuestros pininos de programación”.

El ingeniero Kaplun narra que el trabajo del taller empezó de manera muy artesanal, propio de la naturaleza de un productor de moldes, pues los empezaron a hacer antes del control numérico. Con el tiempo y el crecimiento del negocio ganaron terreno en tecnología y desarrollo humano.

En el problema está la solución

Pero los años de crecimiento recibieron un golpe inesperado. El auge del entonces denominado efecto del dragón chino cobró una víctima. Black&Decker cerró su planta en Querétaro para llevársela a tierras mandarines. Después de 20 años en el parque Benito Juárez, en el año 2005 se le notificó al entonces Secretario de Desarrollo Sustentable, Renato López Otamendi, que se mudaban. Acto seguido, liquidaron a 800 trabajadores y emprendieron el vuelo para unirse a la oleada de buscadores de mano de obra barata en el lejano oriente. 

Había empezado un éxodo en todo el país que restringió el mercado. “Se nos fueron muchos proyectos”, recuerda Kaplun. “Fue una época difícil y nos quedamos apenas tres personas en la empresa. Le pedí entonces a mi papá que me dejará dirigir la empresa. El Tigre me dio la oportunidad”.

De esta manera se comenzó a trazar el nuevo destino del taller. A veces había trabajo y, otras, nada. Después de Black&Decker (que llegó a representar hasta el 80 % de sus ventas), se dedicaron a buscar más clientes en un mercado muy competido por la falta de demanda. Además, muchas empresas les pedían precio “y lo nuestro siempre fue la calidad”, se jacta el empresario, aunque reconociendo que eso les costó algunos proyectos. Al referirse a la competencia local, profundiza al decir que sus precios y procesos son parecidos, su contexto económico y de infraestructura es el mismo; sin embargo, en el caso de las empresas chinas, la competencia es desleal, “pues se instalan en México con un parapeto, toman los contratos y hacen el molde en China. Al menos algunos componentes. Eso les da muchas ventajas de precio. De no permitirles eso, sus precios y condiciones serían prácticamente las mismas”.


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Acerca del autor

David Luna

David Luna

Director de contenido de Metalmecánica Internacional
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