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Marzo de 2018 Página 1 de 2

¿Qué motiva a un taller a invertir en tecnologías 4.0?

Mario Winterstein

En este artículo el autor hace una reflexión sobre cómo enfrentar estos desafíos tomando como punto de partida, no la tecnología, sino la cultura de ingeniería.

Las tecnologías de la información están cada vez más cerca de los procesos de producción en la industria metalmecánica. Esto promueve cambios disruptivos, pero también retos importantes para los actores del sector. El autor hace una reflexión sobre cómo enfrentar estos desafíos tomando como punto de partida, no la tecnología, sino la cultura ingeniera.

Debido al trabajo de mi empresa, tengo el privilegio de visitar muchos lugares en el mundo y participar en eventos cuyos temas centrales involucran tecnologías de manufactura avanzada. Son encuentros repletos de demostraciones sobre temas como: Industria 4.0, IIoT - Industrial Internet of Things (aplicación del Internet de las Cosas en el área industrial), realidad aumentada, fabricación aditiva e impresión 3D, robots colaborativos, y otras novedades del mundo digital. Pero la pregunta que siempre me viene a la mente en estas ocasiones es: ¿qué motiva a un empresario a invertir en estas tecnologías?

¿Es porque sus productos son complicados y sofisticados?, ¿porque la empresa es lo suficientemente grande para tener recursos y poder comprar estos equipos? o, tal vez, ¿porque necesita aumentar su capacidad para producir grandes cantidades de productos? He llegado a la conclusión de que, en la mayoría de los casos, no es nada de eso. La principal razón por la que un empresario invierte en estas tecnologías es su visión de futuro. Se trata de una opción de supervivencia y competitividad. Adoptar nuevas tecnologías es una cuestión de actitud mental.

Esto porque la tecnología en sí no fuerza los cambios, pero sí el deseo de hacer cambios que motiven la adopción de nuevas tecnologías. Darwin decía que no son las especies más fuertes o las más inteligentes las que sobreviven, sino aquellas que responden mejor a los cambios. Einstein afirmó que la definición de locura es continuar repitiendo lo mismo y esperar resultados diferentes. ¿Cómo una empresa puede querer competir en un mundo de transformaciones en progresión geométrica sin hacer un cambio en sus procesos, en el entrenamiento de las personas o en la relación con los clientes?

El mercado, tanto de consumo como de bienes duraderos y el de servicios, exige productos personalizados cada vez mejores, suministrados de manera más rápida y con precios más bajos. No es uno u otro, sino todo esto al mismo tiempo. ¿Qué permite entonces que una empresa satisfaga su mercado, independientemente de tener grandes recursos financieros? ¿Ser una multinacional o estar en un país altamente desarrollado?

La gran ventaja de las tecnologías emergentes es que son accesibles para todos: pequeños, medianos o grandes emprendedores, con muchos o pocos recursos, independientemente del país donde están ubicados. Más que cualquier otra cosa, se trata de una opción debido a su postura en relación al futuro de la empresa. Para ser competitivo y sobrevivir en el mundo de hoy, no basta con tener una fábrica moderna, con máquinas nuevas y personal capacitado. Es necesario tomar su destino en sus propias manos y enfrentar lo que viene por delante. Su peor enemigo es la complacencia. Es como meter la cabeza en la arena, esperando que la "situación mejore". Tener esperanza no es estrategia.

EMO 2017

En septiembre pasado, participé en la EMO 2017, en Hannover, Alemania. El tema central de la exposición fue "Conectando sistemas para producción inteligente", siendo el evento la propia definición de su eslogan. Las acciones que posibilitan el cumplimiento de este objetivo estaban bastante visibles. Ha sido muy claro para mí que la adopción de estas tecnologías trae los beneficios prometidos, pero, para tener éxito, es necesario seguir tres puntos principales:

Colaboración: el futuro pertenece a los que comparten ideas y aprovechan el conocimiento de lo que ya se ha hecho. No tenemos más tiempo para reinventar la rueda. Cada uno tiene alguna competencia en particular que puede ser usada por otros. Crear algo que ya existe es derrochar recursos. La colaboración con proveedores, clientes y competidores permite un mejor aprovechamiento de recursos. La colaboración interna entre ingeniería, manufactura, ventas, compras, marketing, financiero, administrativo y asistencia técnica es fundamental para la aceleración del crecimiento de la empresa y la disminución de costos operacionales.

Integración: recursos y procesos individuales sumados producen resultados menores de los que se integran. La tecnología digital permite la integración entre varios equipos y software, lo que termina siendo mucho más barato y completo que máquinas aisladas. Además, se vuelve multiplicable, evitando que todo tenga que empezar desde cero en cada nuevo producto.

Apertura: el peor enemigo de la innovación es el proteccionismo. La arquitectura abierta, el uso de software de libre acceso para la creación de aplicaciones, sin pago de licencia y regalías son el camino más rápido para el desarrollo económico y la viabilidad de la iniciativa privada.


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Acerca del autor

Mario Winterstein

Mario Winterstein

Director de International Business Development Group, Inc.
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