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Para la industria automotriz, los retos de transformación son inmediatos. Los automóviles se han convertido en una ecuación clave en el porvenir de la humanidad. Por un lado, está el uso de tecnologí­as alternas que enfrenten los problemas de polución del aire y el efecto del calentamiento global. Por el otro, la movilidad de las personas, principalmente en las grandes urbes donde la sobrepoblación ha transformado las calles en trampas en las que los vehí­culos quedan atrapados y sus tripulantes pierden tiempo productivo.

Por tal motivo, el futuro de la manufactura de automóviles ahora está dictado por lí­neas de desarrollo encaminadas a la creación e implementación de nuevos materiales (más ligeros y sustentables); la producción de motores hí­bridos, eléctricos o cualquier otra alternativa energética que resulte viable y no contaminante; la incorporación de las tecnologí­as de la información que ayuden a utilizar los automóviles de manera más eficiente y que se muevan hacia nuevos esquemas de uso compartido.

Se presume que los automóviles a construirse en los próximos años tendrán menos componentes y, con nuevas morfologí­as, agregarán a ún más sistemas computarizados y, en lo que respecta al proceso de producción, requerirán de cadenas menos complejas de manufactura.

El arribo de nuevas tecnologí­as para la transformación de metal, como la evolución del láser para marcado y texturizado, la manufactura aditiva, la tecnologí­a sustractiva con mayor capacidad de ejes, sistemas sujeción y herramientas comunicadas con los CNC de las máquinas, las herramientas de software CAM y CAE que ayudan cada vez más a la configuración y puesta en marcha de los procesos de manufactura, y hasta la generación de máquinas hí­bridas o la configuración de celdas con multiprocesos; facilitarán la actual misión de la producción de componentes para automóviles.

Para la industria en Latinoamérica, que juega un papel fundamental en la cadena de valor para la manufactura automotriz, el reto es, más que estar alerta a las tendencias, reconocer cuáles podrí­an ser sus ventajas competitivas y comparativas en este ecosistema y hacer una vigilancia tecnológica puntual para no quedar rezagados. Los estándares de la industria automotriz son cada vez mayores y requieren maquinaria que permita alcanzarlos. El capital humano, a partir de la generación de ingenieros, así­ como el énfasis en la formación de especialistas en nivel técnico, será pieza clave en este rompecabezas. Qué decir de polí­ticas industriales que apoyen e incentiven la incorporación de empresas a las cadenas de suministro de la producción de vehí­culos.

No hay duda de que se avecinan cambios importantes en todos los niveles de la manufactura de automóviles. Es un buen momento, aunque ya algo urgente, para hacer una estrategia holí­stica (Estado, Empresa, Educación) en América Latina y formar parte de las nuevas cadenas de valor.

David Luna
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